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Lo que viene después de la pandemia y la guerra puede ser mucho peor: el hambre. Y eso puede desatar nuevos desastres, desde múltiples crisis de hambruna y malnutrición hasta desplazamientos forzosos en distintos puntos del globo, sin dejar a un lado la posibilidad de nuevos conflictos armados por los recursos. La pesadilla que inició en 2020 está lejos de terminar si los gobiernos no toman cabal consciencia de lo que está en juego y actúan para mitigar los efectos en un mundo en el que nada de esto es nuevo pero la pandemia y la guerra en Ucrania están acelerando dinámicas precedentes del sistema a tal velocidad que se vuelve cada vez más difícil atenuar sus efectos.

Tanto las Naciones Unidas como algunos gobiernos del mundo emergente y diversas organizaciones de la sociedad civil lo están alertando de un tiempo a esta parte. Sin embargo, las potencias centrales parecieran estar demasiado sumidas en su juego de empujar fronteras mientras se complejiza cada vez más el acceso a los alimentos para millones de personas, gran parte de ellas, en las zonas más relegadas del planeta